No todo es esclavitud: las relaciones laborales entre inmigrantes de la costura en São Paulo, Brasil

El objetivo del presente trabajo es problematizar lo que en los talleres de costura de la ciudad de São Paulo, Brasil, se ha dado a conocer como trabajo esclavo de personas inmigrantes. Describo inicialmente el entramado institucional (civil y estatal) que se ha desarrollado desde mediados del siglo xx, a raíz de las denuncias de esclavitud en el campo y ciudades de ese país. Analizo luego las relaciones laborales entre los costureros y los gestores de los talleres de costura, tratándose en ambos casos de inmigrantes sudamericanos, que a lo largo de prácticamente tres décadas han dado lugar a ciertos acuerdos tácitos que oscilan entre arbitrariedades explícitas y el consentimiento.

El atributo “esclavo” pareciera contrastar con lo que se considera el principal requisito de un mercado laboral de compra y venta de fuerza de trabajo; a saber, la libertad que cada trabajador posee para vender su fuerza física y mental a quien quiera y donde quiera. La etnografía doctoral realizada de la que este texto es derivado, da cuenta de que dicha libertad sigue operando, pero de manera limitada; es decir, el esquema de subcontratación de la costura, sumado a la condición migrante de los sujetos en cuestión, dejan espacios para ciertas relaciones fuera del marco del trabajo asalariado libre.

Hoy en día, ¿qué entendemos por esclavitud?

La esclavitud en Brasil nos remite al periodo colonial. Sin embargo, el proceso que aquí analizo se refiere a las prácticas laborales operantes en buena parte del siglo xx y hasta nuestros días. El término “trabajo esclavo” ha sido utilizado para clasificar ciertas relaciones entre emplea- dores y empleados en sectores productivos de Brasil, como es el caso con la deforestación de la selva amazónica, sea para la crianza de ganado y el cultivo de soya, o para el comercio de madera.1 Esterci (1994), se ha dedicado, desde los años sesenta, a estudiar la problemática del peonaje en la Amazonia brasileña y pone las cartas sobre la mesa. Según ella, hablar de esclavitud no siempre implica una coherencia sociológica o legal, aunque ciertas nociones suelen ganar fuerza en la medida que generan actores bien definidos dentro de un campo de lucha, expresando el rechazo a situaciones vejatorias que rompen los límites de aquello que una sociedad considera humano.

El periodo de la redemocratización brasileña, desde la conclusión del régimen militar en 1985, estuvo marcado por el reconocimiento oficial de la existencia de prácticas de esclavitud en las relaciones de contratación y empleo surgidas en los operativos de fiscalización. En nuestros días, las expresiones jurídicas “condiciones análogas a la esclavitud” o “reducción de alguien a la condición análoga a la de esclavo”, están contempladas en el Artículo 149 del Código Penal brasileño. Se las utiliza para caracterizar situaciones laborales con al menos uno de los siguientes elementos presentes: situaciones degradantes de trabajo, trabajo agotador/ jornada exhaustiva y/o formas de privación de libertad. La figura 1 contiene los elementos observados por los equipos interinstitucionales de erradicación de trabajo esclavo en el país, divididos por aspectos relativos a la dignidad humana y a la privación de movimiento.

De forma distinta a lo verificado en zonas rurales, en donde los empleados son brasileños, en São Paulo aparece el migrante internacional; en la zona metropolitana, las denuncias de organizaciones de la sociedad civil,2 junto con las inspecciones de los fiscales ministeriales, han revelado relaciones laborales con algunas de las características que se muestran en la figura 1, mayormente en las industrias de la construcción civil y de la moda, que en el transcurso de las últimas décadas se han convertido en verdaderos nichos laborales para los migrantes haitianos, en el primer caso, y para los bolivianos, peruanos y paraguayos en el segundo.

El universo de los talleres de costura con inmigrantes en São Paulo

La movilidad laboral de migrantes hacia la zona metropolitana de São Paulo no es reciente. En el caso boliviano, el más documentado, sus ires y venires se han registrado y analizado desde mediados de los noventa (Da Silva, 1995), y han revelado cierto equilibrio entre hombres y mujeres, dentro de una franja etaria de 25 a 40 años, con niveles de educación formal medios (secundaria o preparatoria) y provenientes de ciudades como La Paz y El Alto (Jiménez, 2009).

A diferencia de la zona metropolitana de Buenos Aires, que presenta otros nichos laborales para los migrantes bolivianos, tales como la horticultura (Benencia, 2008), gran parte de los que llegan a São Paulo se insertan en talleres que maquilan prendas de ropa femenina. Según los datos extraoficiales de las visitas realizadas por el Centro de Apoio e Pastoral do Migrante desde 2005, los talleres de costura con migrantes en la zona metropolitana suman más de 20 mil, teniendo gran parte de ellos entre dos y diez costureros, incluyendo a los gestores, quienes también suelen ser bolivianos (cami, s/f).

Figura 1. Aspectos del trabajo esclavo según anulación de dignidad y privación de libertad

Fuente: Repórter Brasil, 2012.

En espacios diminutos, a menudo en departamentos residenciales, se conjugan trabajo y vivienda. El taller de costura donde realicé la etnografía en 2015 y 2016, en el céntrico barrio de Bom Retiro, tiene 10m2, que sumados al espacio de las recámaras, cocina y baños llega a unos 50 m2. En ese lugar, vivían y trabajaban la pareja gestora con sus cuatro hijos, otra joven pareja con su bebé, y un costurero soltero, todos bolivianos originarios de El Alto (figuras 2 y 3). En lugar de subcontratar un solo taller con muchos costureros, los empresarios de la moda local optan cada vez más por distribuir las labores entre microtalleres productivos, con tal de evadir costos y dificultar la fiscalización de los agentes estatales encarga- dos de atender las denuncias de trabajo esclavo.

Al interior del taller/vivienda, se practican jornadas laborales de 15 o más horas: empiezan a ensamblar las piezas de ropa a las 7:30 hrs. finalizando a las 22 hrs., de lunes a viernes, y de 7:30 hrs. a mediodía los sábados.3 El gestor cobra por pieza confeccionada, lo que significa dividir el valor total de cada prenda entre los costureros que participaron del ensamblaje. Al final, los empleados reciben el equivalente de entre $0.40 y $0.60 dólares por pieza.

Figura 2. Costureros y costureras bolivianas, taller de Bom Retiro, São Paulo, marzo de 2015

Fuente: archivo del autor.

Figura 3. Vivienda/taller de costura de Bom Retiro, São Paulo, pareja gestora e hijos, marzo de 2015

Fuente: archivo del autor.

Al incorporarse como un costurero, la persona se integra también a una relación familiar y de convivencia permanente con los empleadores y los compañeros de trabajo. Los gestores trabajan las mismas horas que sus empleados, encargándose asimismo de la preparación de la comida de todos y de los gastos de agua, luz y gas. Esta dinámica laboral implica ciertas relaciones que como regla no serían compatibles con un trabajo asalariado típico; destaco tres de ellas: la primera es el vínculo laboral por deudas, que empieza aun antes de pisar suelo brasileño, pues es el patrón quien financia el traslado entre Los Andes bolivianos y la capital paulista. Al llegar al taller, el costurero pagará por el traslado con su trabajo de confección, hasta finiquitarlo. La segunda es el aprendizaje, mediante el cual se intercambia la enseñanza de un oficio (la costura, en este caso) por horas de trabajo no pagado; en este universo, hay preferencia por costureros recién-llegados, sin calificación previa. La tercera y última forma es el vínculo por adelanto de salarios, en efectivo, o “vales” —montos del equivalente de us$15 entregados en moneda local (reales) a los costureros para que en los fines de semana paseen por la ciudad; posteriormente los montos se les descuentan del pago mensual.

De hecho, los tres instrumentos citados suelen combinarse a menudo configurando relaciones de trabajo “no-libre (Brass, 2011), ya que generan dependencias extraeconómicas, como son la oferta de techo y comida por parte del empleador. De ahí que romper la relación laboral implica también buscar un lugar para vivir. A los migrantes no siempre les conviene moverse por una ciudad desconocida para rentar una vivienda, o tener que pagar transporte público para ir al trabajo y volver, como lo hacen trabaja- dores en condiciones asalariadas libres. Lo que el costurero migrante busca es ahorrar lo más que pueda en el menor tiempo posible.

A modo de conclusión

Más allá de las arbitrariedades y amenazas que sufren los empleados por parte del gestor, el trabajo etnográfico de campo me permitió constatar la existencia de un acuerdo laboral con condiciones específicas, que ha permitido que decenas de migrantes bolivianos circulen de sus lugares de origen a los talleres ubicados en Bom Retiro. Se trata de normas tácitamente instituidas entre empleadores y empleados, que pueden contrastarse en un ejercicio de generalización analítica con las de otros talleres con migrantes sudamericanos, tanto en São Paulo como en Buenos Aires.

La aceptación de las “reglas del juego” por parte de los empleados no es excusa para los empleadores, quienes siguen practicando coerciones más allá de lo acordado, como la retención de salarios o el encierro en el taller. Estas son, justamente, las situaciones que demandan operativos de fiscalización por parte de los equipos que combaten el trabajo esclavo. Cabe añadir que en el transcurso de los últimos tres años, el número de operativos tiende a bajar: en 2017, se redujo en 23.5% en relación al año previo (Velasco y Reis, 2018). Lo anterior, aunado al giro del gobierno entrante de Jair Bolsonaro hacia la flexibilización de la fiscalización y de la punición, augura un periodo de retrocesos en lo que concierne a la erradicación de las prácticas laborales aquí comentadas.

Notas

1 Destaco el rol cumplido desde hace más de 50 años por parte de la Comissão Pastoral da Terra en el acogimiento y seguimiento a denuncias de esclavitud en las zonas rurales o de selva. Información disponible en el sitio: https://www.cptnacional.org.br/.

2 Se destaca el trabajo realizado por la ong Repórter Brasil. Ha encabezado las denuncias desde mediados de los años 2000 y mantiene un dossier permanente y actualizado sobre el trabajo esclavo en el país. Consultar: http://reporterbrasil.org.br.

3 Mientras los migrantes de la costura trabajan por lo menos 80 horas semanales, la jornada regular en Brasil es de 44 horas semanales.

Referencias

Benencia, R. (2008),
“Migrantes bolivianos en la periferia de ciudades argentinas: procesos y mecanismos tendientes a la conformación de territorios productivos y mercados de trabajo” en: Novick, S. (Comp.), Las migraciones en América Latina. Políticas, culturas y estrategias, Buenos Aires, clacso.

Brass, T. (2011),
Labour Regime Change in the Twenty- First Century: Unfreedom, Capitalism and Primitive Accumulation, Boston, Brill.

Centro de Apoio e Pastoral do Migrante, cami, s/f,
Visitas a Oficinas de Costura-Agentes Multiplicadores de Base. Disponible en: http://camimigrantes.com.br/site/?page_ id=392, última consulta: 29 de octubre de 2018.

Da Silva, S. (1995),
“Uma face desconhecida da metrópole: os bolivianos em São Paulo”, Travessia, Núm. 23, pp. 14-19.

Esterci, N. (1994),
Escravos da desigualdade: um estudo sobre o uso repressivo da força de trabalho hoje, Río de Janeiro, Centro Edelstein de Pesquisas Sociais.

Jiménez, M. (2009),
La migración internacional: una opción frente a la pobreza. Impacto socioeconómico de las remesas en el área metropolitana de La Paz, La Paz, pieb.

Repórter Brasil (2012),
Escravo nem pensar! Uma abordagem sobre trabalho escravo contemporâneo na sala de aula e na comunidade, São Paulo.

Velasco, C. y T. Reis (2018),
Nº de operações contra trabalho escravo cai 23.5% em 1 ano; total de resgatados é o menor desde 1998, disponible en: https://g1.globo.com/economia/noticia/n-de-operacoes-contra-trabalho-escravo-cai-235-em-1-ano- total-de-resgatados-e-o-menor-desde-1998.ghtml, última consulta: 30 de octubre de 2018.|

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Bruno Miranda

Becario del Programa de Becas Posdoctorales, CRIM-UNAM | bmiranda@correo.crim.unam.mx