Editorial | Número 16

Siguiendo la tradición de Coyuntura Demográfica, en esta ocasión hemos incorporado el análisis de temáticas demográficas clásicas acercándonos, esta vez, a la evolución de los matrimonios y divorcios. También, presentamos cuatro artículos que atienden, desde diferentes aristas un tema de particular interés: el  bienestar objetivo y subjetivo de la población. Incluimos tres trabajos que, de manera por demás creativa, proponen formas alternativas para medir o captar la información demográfica. En otro artículo se relata la experiencia vivida en el ejercicio de elaborar la Constitución Política de la Ciudad de México. Contamos, además, con un trabajo ya publicado en otro espacio editorial, pero que hemos considerado importante divulgar en el presente número de nuestra revista: las megaciudades en China. Y, finalmente, con la idea de impulsar una tradición reciente, presentamos una entrevista hecha al Presidente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) con el propósito de conocer de qué modo el Instituto enfrentó los recortes presupuestales del año pasado.

En relación con el primer artículo, cabe mencionar que las investigaciones que abordan las desigualdades de género ya se han abocado a estudiar el comportamiento de los tiempos dedicados al trabajo de cuidados (en el ámbito doméstico y de los cuidados directos) en las distintas etapas del ciclo de vida familiar; lo que es novedoso en el artículo de Paéz es que incorpora un elemento adicional: el bienestar subjetivo, que en su estudio se mide a partir de la satisfacción con la vida familiar, con la situación económica y con el cariño que se da y se recibe.

La autora inicia su análisis mostrando que los tiempos dedicados al cuidado no remunerado presentan las mayores brechas por sexo en las primeras etapas del ciclo de vida familiar, tratándose de parejas con hijos menores de tres años y parejas con hijos entre los tres y seis años de edad. Al contrastar lo anterior con la satisfacción subjetiva, Páez encuentra, por un lado, que es en los hogares con hijos en donde el nivel de satisfacción con la vida familiar de las mujeres es menor; mientras tanto, cuando no hay presencia de hijos, la brecha de género se cierra en los tiempos dedicados al trabajo de cuidados, mientras la satisfacción de las mujeres con la vida familiar supera a la de los hombres. Por otro lado, la dedicación de más tiempo a los cuidados, en el caso de las mujeres, se asocia a una menor satisfacción con su situación económica. En cambio, la satisfacción de los hombres sobre su situación económica es independiente del tiempo que dedican a labores de cuidados en cada etapa del ciclo de vida familiar.

Por su parte, el artículo de Van Gameren se propone aportar elementos que expliquen las discrepancias entre el bienestar objetivo y el subjetivo en cuatro países del mundo: Brasil, Estados Unidos, México y los Países Bajos. Los primeros indicadores que el autor retoma para la discusión son el producto interno bruto (pib) y la desigualdad, señalando que “si la desigualdad fuera causa de infelicidad los holandeses deberían ser mucho más felices que quienes viven en los otros países”; pero, añade, ese no es el caso. De hecho, los datos económicos deberían ser motivo para que los mexicanos fueran mucho más infelices al compararse con los otros países; lo que tampoco es el caso.

Van Gameren sostiene que un factor que claramente no está a favor de México es la inseguridad y la corrupción. En 2012, la percepción de la corrupción en México era menor que en Brasil y Estados Unidos; sin embargo, es a partir de ese año que crece rápidamente superando a los otros dos países; entonces, el autor se pregunta: ¿de dónde viene la felicidad de los mexicanos? Los invitamos a leer las reflexiones del autor a este respecto.

En relación con las condiciones objetivas, el artículo de Damián y Boltvinik retoma una iniciativa de reforma elaborada por uno de los autores, con la finalidad de mostrar de qué modo el otorgamiento de un Ingreso Ciudadano Universal erradicaría la pobreza. Se trata de una transferencia monetaria universal personal (no familiar) basada en el derecho a un ingreso digno. Si bien los autores reconocen las resistencias a esta propuesta, argumentan que las transferencias monetarias no contributivas e incondicionales a adultos mayores en nuestro país nos han ido preparando. Además, señalan que el propio Fondo Monetario Internacional ha demostrado que otorgar beneficios universales reduce tanto la pobreza como la desigualdad.

Al calcular el impacto en la implementación del aporte de este ingreso en los primeros 20 años, Damián y Boltvinik muestran que la población receptora del importe del costo de la alimentación aumentaría de forma gradual y que en los siguientes veinte años la transferencia se ampliaría hasta alcanzar el costo total de una canasta de satisfactores básicos de todas las necesidades humanas. Además, al analizar el costo fiscal, los autores sostienen que no sería excesivo, considerando que con ello pudiera resolverse el problema de la pobreza en nuestro país.

Desde el ámbito de la salud, García Alonso, a su vez, se aproxima al tema de la pobreza. Considerando aquellas localidades rurales marginadas que fueron seleccionadas por el programa gubernamental para el desarrollo social Progresa, previo a la presente administración, la autora estudia la relación entre las estrategias ocupacionales (agrícolas, no agrícolas y mixtas) en el hogar y la desnutrición en niños de entre ocho y diez años. En el caso de la desnutrición crónica, los resultados muestran que aquellos niños que pasaron su primera infancia en hogares con actividades mixtas tienen una propensión mayor de sufrir desnutrición crónica entre esas edades, en comparación con niños que vivieron en familias dedicadas a la agricultura. En el caso de la anemia, sin embargo, los resultados son diferentes.

En otro orden de ideas, Quilodrán analiza de manera comparativa las series históricas de matrimonios que abarcan más de un siglo, y las de los divorcios cuyo registro se remonta a 1930, encontrando para el siglo pasado una institucionalización del matrimonio y el escaso nivel del divorcio, una situación que cambia en el siglo actual. La disminución en el número de matrimonios entre 2000 y 2016 es considerable; en razón de ello, la autora dice que tomó más tiempo adoptar el matrimonio civil que abandonar la costumbre de casarse. En este artículo se advierte que en México no todas las parejas conyugales se han ajustado al modelo matrimonial, inicialmente Iglesia y posteriormente Estado laico. Y en cuanto a la duración de los matrimonios, Quilodrán señala que lo interesante es cómo, a partir de 1998-2000, cuando arranca el alza sostenida de los divorcios, cada duración de matrimonio –corta, mediana y extendida- evoluciona a distintas velocidades.

El artículo de Jusidman tiene la finalidad de relatarnos la experiencia que vivió al colaborar en la elaboración de la  Constitución Política de la Ciudad de México, que hasta el 2016 carecía de una que le fuera propia. Para llevar a cabo esta tarea, señala la autora, se determinó la conformación de una Asamblea Constituyente, disponiéndose que el Jefe de Gobierno presentara a dicha Asamblea un proyecto que sirviera de base para los debates. Se llevaron a cabo, como parte del proyecto, consultas ciudadanas, de donde surgieron para su inclusión temas como la preservación de los avances logrados en materia de derechos sexuales y reproductivos, las condiciones y derechos de la comunidad de la diversidad sexual, las condiciones de trabajo del personal que labora para el gobierno de la Ciudad y la situación de los trabajadores ubicados en el sector informal de la economía.

Jusidman, en su carácter de colaboradora del grupo redactor, y diputada en la Asamblea, reconoce la conformación de una Asamblea variopinta en la cual no dominaron los intereses de los partidos políticos, gracias a que el PRD y Morena incorporaron a ciudadanos independientes. En la actualidad, la Ciudad de México cuenta ya con una Constitución propia que reconoce derechos novedosos, tales como el derecho al cuidado y a la muerte digna; y recupera la planeación y el ordenamiento territorial de largo plazo y prevé una amplia participación ciudadana en todos los procesos de gestión de la ciudad. Con todo, los resultados podrán constatarse solamente cuando se desarrollen y apliquen las cerca de 150 leyes locales derivadas de la Constitución y una vez que se generen los cambios institucionales previstos.

Los siguientes tres trabajos abordan consideraciones demográficas de corte teórico-metodológico. El objetivo del artículo de Vázquez es difundir una propuesta para mejorar la identificación estadística de la población indígena. El criterio censal de identificación indígena, que se ha usado por más de 100 años, ha sido el lingüístico. Sin embargo, el autor advierte que el problema principal que se enfrenta con este criterio es que hay mucha gente indígena que no habla una lengua autóctona. En consecuencia, el Inegi incorporó en el cuestionario ampliado del censo de 2010 y en la Encuesta Intercensal 2015 el criterio de autoadscripción.

Vázquez sostiene, sin embargo, que el criterio de autoadscripción ha mostrado tener una variabilidad inexplicable en los números, sólo en parte debida al fraseo empleado para formular la pregunta. En razón de ello, el autor propone la creación de un índice que contemple contar con información de cinco variables: las dos que ya existen en los censos, la de origen étnico –probada en la Encuesta Demográfica Retrospectiva 2011– y la correspondiente a la membresía en una comunidad o pueblo indígena.

El texto de Jasso señala que la estimación de la esperanza de vida requiere, cuando menos, de las tasas de mortalidad por edad, información que no siempre se encuentra disponible. Por ello, la autora propone el indicador de la edad media a la muerte ajustada como una aproximación a la esperanza de vida. Ahora bien, la edad media a la muerte puede aproximarse a la esperanza de vida cuando la tasa de crecimiento poblacional es igual a cero, considerando que si el tamaño de la población crece, la edad media a la muerte subestimará la esperanza de vida; mientras tanto, si la tasa de crecimiento es negativa, la sobreestimará. De ahí que al analizar las ecuaciones correspondientes, de manera creativa por cierto, la autora propone un ajuste, que pudiera considerarse un método de estandarización, cuyos resultados bien pueden representar una aproximación acertada.

El último artículo que aborda consideraciones teórico-metodológicas, se refiere a la captura de datos biométricos. Canudas-Romo sostiene que es momento de pasar de datos censales a otro tipo de información recabada en registros de población. Para ello, pone de ejemplo los avances logrados en los dos países más grandes del mundo, India y China, y menciona a Dinamarca y Suecia como precursores de esta iniciativa. El autor sostiene que en nuestro país el uso de datos biométricos reforzaría la Clave Única de Registro de Población (curp) y abriría nuevas posibilidades para el análisis demográfico de cohortes, donde sería posible estudiar a los individuos en el curso de vida, y con ello conocer sus necesidades específicas en cuanto a políticas públicas. Para terminar, el autor reconoce que se requeriría un marco jurídico efectivo que pudiera resguardar la confidencialidad de este tipo de información.

En su interesante artículo, Livi-Bacci nos habla de la migración interna en China en años recientes, sosteniendo que se trata del fenómeno más masivo que se haya producido en la historia de la humanidad. Este flujo rural-urbano se caracteriza por ser excluido de los beneficios relacionados con la posesión de un hukou urbano –que es un sistema de registro, de muchos siglos de antigüedad, que identifica el estatus de residencia de cada ciudadano, sus datos personales y de su unidad familiar—. Dada la falta de un hukou urbano, la migración interna ha resultado en un flujo altamente marginado (con trabajos pobremente remunerados, condiciones precarias de vivienda, exención del derecho a educación gratuita y una muy limitada atención médica). Por ello, el autor de este artículo reporta que el gobierno chino prevé el fin de la diferenciación entre hukou rural y hukou urbano. La acción pública se llevará a cabo sobre la base de requisitos cada vez más estrictos a medida que las áreas urbanas se agrandan (para las ciudades pequeñas será suficiente poseer un hogar conveniente, mientras que para las ciudades medias será necesario tener un trabajo estable y contribuir al fondo de seguridad social; para las megalópolis se prevén condiciones mucho más restrictivas). El autor enfatiza que a los demógrafos nos quedan años por delante para evaluar dicha acción pública.

El último texto de este número de Coyuntura Demográfica, consiste en una entrevista hecha al Presidente del Inegi por parte de Rosario Cárdenas y la suscrita, que tuvo como propósito principal conocer de primera mano la forma como el Instituto enfrentó el recorte presupuestal del año 2018. Resulta de gran interés para la comunidad la forma como se priorizaron los proyectos de esta institución a la luz de tal circunstancia.

Para concluir, quisimos expresar nuestro sentir frente a la partida de Carlos Echarri, uno de los demógrafos más reconocidos de México en nuestros días. En el texto quisimos dar cuenta de su brillante trayectoria, sus intereses y logros. La comunidad de demógrafos lamentamos profundamente la pérdida de nuestro amigo y colega, quien entre otras importantes funciones presidió la Sociedad Mexicana de Demografía entre 2015 y 2017.                             

       Edith Pacheco Gómez | Directora Editorial | Coyuntura Demográfica


Agradecimientos

Reconocemos de manera especial la intensa y valiosa labor que realiza la Editora Adjunta de la revista, María Adela Angoa. También agradecemos el profesionalismo del equipo de Edición y Diseño, en las personas de Guillermina Herrera, Maritza Moreno, Rodrigo O. Villaseñor y Sol Marina Villegas.

De manera fundamental reconocemos el apoyo de las instituciones que han colaborado de distintas formas para hacer posible la publicación de un número más de Coyuntura Demográfica. Extendemos nuestro agradecimiento al Instituto Nacional de Estadística y Geografía, al Fondo de Población de las Naciones Unidas, al Consejo Nacional de Población y al Instituto Nacional de las Mujeres. Asimismo, a El Colegio de México, a la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, a la Universidad Iberoamericana, a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede México, a la Universidad de Guadalajara y a El Colegio de la Frontera Norte.

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Edith Pacheco

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