Editorial | Número 15

En algunas ocasiones, dedicamos nuestra revista a una temática específica; en esta oportunidad decidimos ofrecer a nuestros lectores un conjunto de trabajos que bordan distintas aristas de la problemática poblacional. Viviendo en un contexto sociodemográfico interesante, en el marco de un cambio de gobierno, podemos reconocer varios retos: la atención a más de 126 millones de habitantes con un promedio de 2.08 hijos por mujer, una esperanza de vida de 72 años para los hombres y 77.9 para las mujeres, y una caracterización sociodemográfica que es posible sintetizar en dos indicadores: por un lado, el ingreso laboral de 39.8% de los trabajadores que no alcanza a cubrir el costo de la canasta alimentaria, y, por el otro, una población con un promedio de 9.2 años de escolaridad.

En el primer artículo, Gil Antón reflexiona sobre la Reforma Educativa que se llevó a cabo en el sexenio 2012-2018. Al referirse a la escala de observación respectiva, el autor indica que la Reforma no consideró las diferencias geográficas, culturales, económicas y sociales de nuestra sociedad, que representan aspectos sustanciales para comprender nuestra realidad. Por ello, nos habla de las brechas que existen entre las entidades federativas menos favorecidas del país y aquellas entidades que tradicionalmente presentan las mejores condiciones socioeconómicas. Nos advierte también, de la necesidad de articular el tema del estudio con el del trabajo, en parte porque el hecho de encontrar un trabajo es algo que puede no ocurrir después de terminar el ciclo escolar, siendo un evento que sucede por una necesidad y suele presentarse, para muchos, a temprana edad en su trayectoria de vida.

Al revisar tres indicadores —analfabetismo, promedio de escolaridad y tasa de asistencia a la escuela según condición laboral—, Gil Antón sostiene que somos testigos de una sociedad quebrantada en sus condiciones educativas más elementales. El impacto de pertenecer a un grupo indígena, la pobreza, la marginación, la familia de origen o la necesidad de laborar para completar el gasto en la unidad doméstica, tienen un efecto considerable sobre la posibilidad de hacer realidad el derecho a la educación. De ahí la necesidad de una perspectiva orientada por la equidad.

Los dos artículos siguientes se relacionan con uno de los fenómenos centrales de la demografía: la fecundidad. No obstante, la manera como el tema se aborda es de índole muy diferente: el primero de estos artículos evalúa el fenómeno de la fecundidad en las nuevas proyecciones de población realizadas por el Consejo Nacional de Población (Conapo), mientras el tercero analiza la relación entre fecundidad y participación económica femenina.

Zavala presenta una reflexión sobre las tendencias de la fecundidad en México, a nivel nacional, con base en las proyecciones de población 1950-2050, advirtiendo, en primer lugar, sobre las diferencias entre las tasas globales de fecundidad y la descendencia completa de las generaciones que han terminado su vida reproductiva. Al analizar este último indicador, la autora argumenta que los resultados muestran una edad media a la maternidad cada vez menor, lo cual resulta paradójico. A nivel mundial, cuando la fecundidad es baja, las edades de las mujeres al tener sus hijos se retrasan conforme aumentan los años de escolaridad y la participación laboral femenina; de ahí que sugiera que conforme varíen las tendencias de la fecundidad en los próximos años habría que considerar una actualización periódica de las proyecciones de población.

En cuanto a la relación trabajo femenino y fecundidad, Montoya y Ortiz recuperan la discusión de los años ochenta del siglo pasado, preguntándose qué es lo que sucede en la actualidad, permitiendo que contemos con un análisis actualizado del trabajo remunerado femenino según el tamaño de localidad, la condición de unión y el nivel educativo. Al reconocer que las mujeres juegan un papel fundamental en la reproducción social, por ser las principales encargadas del trabajo doméstico y del cuidado familiar no remunerado, el análisis de la participación económica femenina se realiza por grupos de edad y número de hijos.

Las autoras concluyen que si bien el número de hijos por mujer va a la baja, aún existen constreñimientos sociales y culturales anclados a un sistema desigual de género que condiciona las decisiones de las mujeres en cuanto a participación económica, lo que reduce el abanico de proyectos de vida, en donde la maternidad sigue siendo uno de los más importantes; al ocurrir así, se requiere desarrollar políticas sociales encaminadas a mejorar la corresponsabilidad social de las tareas remuneradas y no remuneradas entre mujeres y hombres, aspecto éste que nos vincula con el siguiente artículo.

Orozco y Sotelo sostienen que en México existe un número excesivo de programas sociales, lo que genera una dispersión de acciones con resultados inciertos. La metodología utilizada en este artículo —Propensity Score Matching, o método de pareamiento por propensión—, aplicada a una encuesta diseñada exprofeso, es el único proyecto que ha medido de manera simultánea el efecto que programas públicos han tenido sobre la oferta laboral y los ingresos de mujeres y hombres, considerando los efectos sobre el trabajo no remunerado.

Entre los resultados cabe destacar que la edad promedio de la población beneficiaria de los programas evaluados superó los 40 años, y que en su mayoría ya contaba con un trabajo. Esto quiere decir que la operación de los programas no estuvo centrada en brindar alternativas de empleo a la población desocupada o a la población no económicamente activa; tampoco se trató de población que vive en mayores condiciones de pobreza. En el caso de los hombres, los efectos sobre la participación laboral fueron mayores mientras más bajo su estrato socioeconómico; entre tanto, para las mujeres, sucedió justamente lo contrario. Los programas no mostraron efectos estadísticamente significativos sobre los ingresos de la población general beneficiada, si bien se observaron resulta- dos en el caso de los hombres. Las autoras concluyen que los programas tendrían que hacer una revisión de los aspectos que están limitando las posibilidades de mejorar los ingresos de las mujeres, lo que requiere un marco teórico-operativo que relacione el trabajo remunerado, el trabajo no remunerado y la pobreza.

El objetivo principal del quinto artículo es reflexionar sobre la nueva política de promoción del empleo propuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador. Los autores, Navarrete y Padrón, hacen un buen recuento en cifras de las condiciones laborales, sosteniendo que la constante del modelo económico ha sido la dificultad para garantizar el acceso al empleo, sumado a la elevada precariedad de las condiciones de trabajo. Nos muestran, en particular, las condiciones de trabajo de los jóvenes, lo que les permite revisar el Programa “Jóvenes construyendo el futuro”, mismo que tiene como uno de sus ejes rectores garantizar el derecho de los jóvenes mexicanos al estudio y al trabajo, mediante la capacitación en talleres, empresas, comercios y distintas actividades productivas en áreas rurales o urbanas, con el objeto de vincularlos al mercado laboral.

Los autores añaden que se trata de una propuesta alentadora que repercutirá de forma positiva en los y las jóvenes con escasa escolaridad. Con todo, y dado que el desempleo es mayor en el grupo más escolarizado, es posible que ellos/ellas mismos/as no vean en un programa de estas características un apoyo real a sus necesidades laborales. Los autores sostienen, por esa razón, que parecería, hasta el momento de redactar este trabajo, que las propuestas del nuevo gobierno siguen siendo parciales, de corto plazo y limitadas, por lo cual debe considerarse la imperiosa necesidad de una reconfiguración de las relaciones empleado-empleador, haciendo que los trabaja- dores empiecen a “ganar” o por lo menos no sigan “perdiendo” como ha venido ocurriendo desde hace ya varias décadas.

El sexto artículo vincula el tema del trabajo con la migración. En su investigación de corte etnográfico sobre los talleres de costura de la ciudad de São Paulo, Brasil, Miranda nos refiere lo que la literatura ha dado a conocer como trabajo esclavo de personas inmigrantes. El autor señala que, a diferencia de la zona metropolitana de Buenos Aires que presenta otros nichos laborales para los migrantes bolivianos —tales como la horticultura—, gran parte de los que llegan a São Paulo se insertan en talleres que maquilan prendas de ropa femenina, labores éstas que se realizan en espacios diminutos, a menudo en casas-habitación en donde se conjugan trabajo y vivienda (como puede observarse en las fotografías que ilustran el artículo).Miranda argumenta que la situación laboral en estos contextos implica ciertas relaciones que, como regla, no serían compatibles con un trabajo asalariado típico. La primera es el vínculo laboral por deudas, que empieza a acumularse aun antes de pisar suelo brasileño, dado que es el patrón quien financia el traslado del trabajador entre Bolivia y la capital paulista. La segunda es el aprendizaje, mediante el cual se intercambia la enseñanza de un oficio (la costura, en este caso) por horas de trabajo no pagado. Y la tercera, es el vínculo por adelanto de salarios en efectivo o “vales”, que posteriormente se descuentan al trabajador o trabajadora del pago mensual. El autor concluye denunciando que la aceptación de las reglas del juego por parte de los empleados no es excusa para que los empleadores practiquen coerciones más allá de lo acordado, como la retención de salarios o el encierro en el taller; de hecho, estas son, justamente, las situaciones que demandan operativos de fiscalización por parte de los equipos que combaten el trabajo esclavo.

El séptimo artículo atiende otro caso de migración internacional. Nájera inicia su texto recordándonos que con el lema “No nos vamos porque queremos, nos expulsa la violencia y la pobreza”, el 5 de octubre de 2018 inició en Honduras la “Caravana migrante”, que transitaría por México con la mira de llegar a Estados Unidos. La autora advierte que, con base en estimaciones de flujo, los 8,360 centroamericanos contabilizados en las tres Caravanas que ingresaron a México y que buscan llegar a Estados Unidos representó apenas 7% del flujo de centroamericanos que pasan anualmente por territorio mexicano; de ahí que la autora se pregunte por qué razón las Caravanas migrantes conmocionaron al país y al Estado mexicano.

Nájera sostiene que el desplazamiento en grupo rompió la usual y buscada invisibilidad de los migrantes indocumentados que pasan por México y provocó el apercibimiento de las autoridades migratorias, los medios de comunicación y la población local residente en los 12 estados por donde la Caravana transitó. Además, el paso colectivo les permitió viajar de forma acompañada y segura, generó, sin proponérselo, la posibilidad de solicitar y gestionar apoyos y hacer escuchar una voz migrante colectiva, que no es usual. El artículo cierra señalando que el derecho a migrar, a solicitar protección humanitaria y a no ser devuelto al país de origen por razones de seguridad se puso a prueba. Sin duda, es una responsabilidad que los Estados parte deberán asumir para mejorar las condiciones de sus connacionales, eliminando los móviles del fenómeno migratorio.

El último de los tres artículos que abordan el fenómeno migratorio se refiere al sistema estadounidense de visas H2 —documento oficial que permite la migración temporal de mano de obra no calificada—. Calva indica que es interesante estudiar este tema dada la argumentación de un gobierno que propuso terminar con el flujo de migrantes indocumentados, con todo y que el flujo de trabajadores mexicanos no documentados estaba en niveles históricamente bajos.

Calva explica que existen dos tipos de visas H2, una para trabajadores agrícolas y otra para no agrícolas. Al usar diferentes fuentes de información, que le permiten contrastar datos, sostiene, en primer lugar, que la demanda por este tipo de trabajadores se incrementó de manera importante entre 2007 y 2017, y que en lo que va de la presidencia de Trump ha aumentado. Después de proporcionarnos el perfil demográfico de tales trabajadores, se refiere a la necesidad de indagar sobre el nexo entre migrantes, empleadores y las respectivas condiciones laborales. El autor termina su texto reflexionando sobre la pertinencia de que el gobierno mexicano participe en la gestión de este flujo.

El último artículo de este número de Coyuntura Demográfica cierra con un trabajo que se enfoca en el consumo energético de los hogares mexicanos, analizado con una novedosa metodología de proyección. A diferencia del artículo que en este mismo número analiza la evolución de la fecundidad a partir de las proyecciones de población elaboradas por el Conapo, el artículo de Pérez Guadián toma como base una clasificación más extensa de hogares y utiliza un método de macro simulación (ProFamy) que le permite pronosticar los cambios en la composición y estructura de los hogares. Pérez Guadián estima el consumo energético de los hogares utilizando información de la Encuesta de Ingreso y Gasto de los Hogares, transformando el gasto reportado por hogar en unidades de energía (Gigajoules). Sus resultados indican que el consumo total en energía será mayor en aquellos hogares más grandes, mientras que, considerando el nivel per cápita, el resultado es un consumo alto en el año base en hogares unipersonales, en tanto que conforme aumenta el tamaño de los hogares el consumo per cápita disminuye, lo cual va acorde con los efectos a escala. La autora concluye que de no cambiar la forma en que los hogares consumen energía y mantener este comportamiento podríamos comprometer el bienestar de las generaciones futuras, por lo que surge la necesidad de replantear las decisiones de consumo y adoptar el uso de energías más limpias, así como desarrollar programas que ayuden a controlar o reducir la demanda actual de energía.

A partir del número previo de Coyuntura Demográfica —el número 14— hemos decido dar un lugar especial a un nuevo formato de discusión, razón por la cual cerramos este número con una entrevista al actual Secretario General del Consejo Nacional de Población, Carlos Javier Echarri, con quien abordamos un tema fundamental en nuestros días: el feminicidio y la alerta de género en México.

Edith Pacheco Gómez | Directora Editorial Coyuntura Demográfica

 


 

Agradecimientos

 

Reconocemos de manera especial la intensa y valiosa labor que realiza la Editora Adjunta de la revista, María Adela Angoa. También agradecemos el profesionalismo del equipo de Diseño y Edición.

De manera fundamental apreciamos el apoyo de las instituciones que han colaborado de distintas formas para hacer posible la publicación de este número de Coyuntura Demográfica. Extendemos nuestro agradecimiento a la Subsecretaría de Educación Superior de la Secretaría de Educación Pública, al Instituto Nacional de Estadística y Geografía, al Fondo de Población de las Naciones Unidas, al Consejo Nacional de Población y al Instituto Nacional de las Mujeres. Asimismo, a El Colegio de México, a la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, a la Universidad Iberoamericana, a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede México, al Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social, al Programa Universitario de Estudios del Desarrollo de la Universidad Nacional Autónoma de México y a El Colegio de la Frontera Norte.

Edith Pacheco

El Colegio de México | mpacheco@colmex.mx